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Hace unos días me toco decirle a un amigo, y me tocó decírselo sin anestesia que el ingreso en la categoría de incogibles y que, por lo menos conmigo, una vez que se está ahí no hay punto de retorno.

Sospecho que no le gusto mucho la noticia,porque desde ese día esta frio y distante conmigo es cortante en el msn, ya no me manda mensajitos y antes nos veíamos al menos una vez a la semana y ahora nada.



Yo apoyo la teoría de algunos caballeros en twitter que me dijeron que recibir una noticia de esas no debe ser muy bonito, pero como lo dije en su momento, yo no puedo seguir el jueguito de los coqueteos con una persona que ya no me imspira coquetear, sería peor estar alimentándole la esperanza si al final no lo va ni a oler, porque yo podre ser muchas cosas, pero de calienta pichas nadie me puede tratar.

El asunto es que un caballero me pregunto cómo se hace para ingresar en mi lista de incogibles, como bien lo dije cada situación es diferente pero si tuviera que hacer una lista estás serian mis razones básicas:

1. Hermanos, primos y amigos cercanos de todos los que han pasado por aquí

2. Los patanes

3. Los que dicen mentiras innecesarias

4. Los que ocultan el matricidio o la novia

5. Los que han sido pésimo polvo a la primera

6. Los que juegan de interesantes en bares y restaurantes

7. Los fanáticos del orden y la limpieza ( el sexo por definición es sucio)

8. Los que tienen mirada que me dan miedo, porque se les nota el odio por la humanidad

9. Los que creen que siempre tienen la razón

10. Los que se quieren creer mi papá

11. Los que demuestran una absoluta falta de güevos para vivir la vida

12. Los que de entrada me dicen que me tienen miedo

13. Los que piensan mucho y tienen demasiadas condiciones ( el que piensa pierde)

14. Los microondas que no entienden ni el coqueteo mas directo, solo me faltan las señales de humo

15. Los que me dicen que tengo que dejar de tomar y fumar para salir con ellos (pffff, si como no)

16. Los que mantienen cuestionando mi adicción a los chocolates y peor aún deciden que tengo que hacer dieta

17. Los cero detallistas, a mi me encantan los detalles insignificantes, pero lindos (abrir la puerta, las sorpresas, que sepan que tomo y como lo tomo, esas pendejaditas multiples)

18. Los que se cren mas feminista que todas las mujeres juntas, la vida me ha enseñado que este tipo de hombres solo está buscando que beneficio sacar pero sin involucrarse de ninguna forma

19. Los machistas, evidentemente

20. Los que quieren entender todo lo que hago, porque lo hago, cuando lo hago y la verdad la mayoría del tiempo yo hago las cosas porque se me da la gana, sin ninguna otra razón

21. Los que creen que cualquier gesto de cariño, es una señal ineludible de enamoramiento

No sé al final, como que hasta yo también tengo algunas reglas, pero la verdad a los 25 años uno no está para dejarse complicar la vida por nadie, menos por webones que solo dolores de cabeza dan.

muerto nuevo

Cada vez que sumo un muerto más a la lista, recuerdo su sentencia, escupida con su aire de indio cherokee y cada vez que recuerdo la puta sentencia creo que es más posible, cada vez que la recuerdo hay un muerto más en la lista y un sentimiento de certeza que me embarga al cual no sé si huirle por miedo o por la costumbre de hacer lo que se me da la gana, cuando se me da la gana y de la forma en que se me dé la gana y no porque me digan como tengo que actuar aunque al final termine haciendo lo que me dijeron.

Era una tarde fría, lo sé y lo recuerdo porque en alguna confabulación entre mis recuerdos y el clima solo recuerdo la frase en tardes frías como hoy.

Ahora que lo pienso siempre hay tardes frías después de cada muerto, será, que la madre naturaleza en su inmensa sabiduría hace los lutos que yo no hago? O será que tal vez, utiliza ese recurso para ayudarme a recordar?

Íbamos en la descripción de los hechos. Era una tarde fría, los dos muy ocupados, siempre cada uno en su trabajo, pero la jornada terminaba y era la cita tacita que teníamos cada día para hablar, a veces 5 minutos, a veces 2 horas, no importaba el tiempo.

De un momento a otro empezamos a discutir con la misma manera con que siempre hemos discutido, sin gritos, sin ofensa, porque sencillamente no es nuestro estilo. Simplemente por un comentario suyo, muy fuera de lugar en el momento menos preciso, con una respuesta tan llena de dignidad y de buena educación de mi parte que hacía notar sin mucho trabajo, que algo me molestaba.

En estos 8 años las peleas han sido más bien escazas, inician y terminan de la misma manera, pero con motivos siempre diferentes, sin embargo cada pelea ha sido por un motivo distinto y no recuerdo el motivo de ninguna con exactitud.

El asunto es que como siempre yo iba a dar por terminada la discusión diciéndole que era tarde que me iba para la casa de esa forma cerrar el bendito programa y olvidarme del asunto.

Era obvio que no quería hablar y sobre todo era obvio para el que sabía que nunca salía en punto de la oficina y que prefería las horas silenciosas de la noche para trabajar y es que ese hombre que me ha conocido como ningún hombre desde la primera vez que me vio a los ojos sabía que yo buscaba como siempre terminar y declararme ganadora.

Era tan obvio que esa vez en vez de preguntarme si algo me molestaba, siguiendo el protocolo, me respondió con un escuálido “o.k.”

Arregle mis cosas y salí, segura de que no tendría noticias de él en al menos una semana (siempre muy apegados al protocolo) pero cuando estaba en la calle, ahí lo vi, esperándome en la entrada del edificio, preguntándole al vigilante si me había ido (años después confesó que había tomado un taxi y estaba dispuesto a ir hasta mi casa y esperarme con tal de decirme lo que tenía que decirme).

Lo vi con esa mirada profunda de la que no he escapado desde que el solo hace 8 años se abrió paso entre la gente y se presento.

Pero ese día su mirada tenía algo raro, yo la conocía, pero a mí nunca me la había dedicado esa mirada de que va a decir la última palabra en una discusión.

Me agarro de la cintura, para asegurarse de que lo escuchara palabra por palabra mirándolo a los ojos, y me escupió lo que tenía que decirme con esa fuerza de carácter que le da ese octavo de sangre india:

“al final podes hacer lo que se te dé la gana, pero que nunca se te olvide que cuando te canses de experimentar la vida, cuando te canses de hombres que nunca te van a entender, justito ese día vas a empezar a vivir la vida conmigo, y va a ser hasta que se acabe el mundo”

Una semana después, volví a saber de él, había arreglado sus cosas y el estaba de vuelta en su país desde donde me llamo como si nada hubiera pasado.

De este episodio han pasado poco más de 6 años, y desde entonces no hemos vuelto a vivir en la misma ciudad aunque a veces nos encontramos.

Si alguien le pregunta, el dice que dejo mi país para dejarle al destino la elección de cuando la única mujer con la que el se casaría, llamaría para decirle: “ya es hora de empezar a vivir la vida”

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