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Cada vez que sumo un muerto más a la lista, recuerdo su sentencia, escupida con su aire de indio cherokee y cada vez que recuerdo la puta sentencia creo que es más posible, cada vez que la recuerdo hay un muerto más en la lista y un sentimiento de certeza que me embarga al cual no sé si huirle por miedo o por la costumbre de hacer lo que se me da la gana, cuando se me da la gana y de la forma en que se me dé la gana y no porque me digan como tengo que actuar aunque al final termine haciendo lo que me dijeron.

Era una tarde fría, lo sé y lo recuerdo porque en alguna confabulación entre mis recuerdos y el clima solo recuerdo la frase en tardes frías como hoy.

Ahora que lo pienso siempre hay tardes frías después de cada muerto, será, que la madre naturaleza en su inmensa sabiduría hace los lutos que yo no hago? O será que tal vez, utiliza ese recurso para ayudarme a recordar?

Íbamos en la descripción de los hechos. Era una tarde fría, los dos muy ocupados, siempre cada uno en su trabajo, pero la jornada terminaba y era la cita tacita que teníamos cada día para hablar, a veces 5 minutos, a veces 2 horas, no importaba el tiempo.

De un momento a otro empezamos a discutir con la misma manera con que siempre hemos discutido, sin gritos, sin ofensa, porque sencillamente no es nuestro estilo. Simplemente por un comentario suyo, muy fuera de lugar en el momento menos preciso, con una respuesta tan llena de dignidad y de buena educación de mi parte que hacía notar sin mucho trabajo, que algo me molestaba.

En estos 8 años las peleas han sido más bien escazas, inician y terminan de la misma manera, pero con motivos siempre diferentes, sin embargo cada pelea ha sido por un motivo distinto y no recuerdo el motivo de ninguna con exactitud.

El asunto es que como siempre yo iba a dar por terminada la discusión diciéndole que era tarde que me iba para la casa de esa forma cerrar el bendito programa y olvidarme del asunto.

Era obvio que no quería hablar y sobre todo era obvio para el que sabía que nunca salía en punto de la oficina y que prefería las horas silenciosas de la noche para trabajar y es que ese hombre que me ha conocido como ningún hombre desde la primera vez que me vio a los ojos sabía que yo buscaba como siempre terminar y declararme ganadora.

Era tan obvio que esa vez en vez de preguntarme si algo me molestaba, siguiendo el protocolo, me respondió con un escuálido “o.k.”

Arregle mis cosas y salí, segura de que no tendría noticias de él en al menos una semana (siempre muy apegados al protocolo) pero cuando estaba en la calle, ahí lo vi, esperándome en la entrada del edificio, preguntándole al vigilante si me había ido (años después confesó que había tomado un taxi y estaba dispuesto a ir hasta mi casa y esperarme con tal de decirme lo que tenía que decirme).

Lo vi con esa mirada profunda de la que no he escapado desde que el solo hace 8 años se abrió paso entre la gente y se presento.

Pero ese día su mirada tenía algo raro, yo la conocía, pero a mí nunca me la había dedicado esa mirada de que va a decir la última palabra en una discusión.

Me agarro de la cintura, para asegurarse de que lo escuchara palabra por palabra mirándolo a los ojos, y me escupió lo que tenía que decirme con esa fuerza de carácter que le da ese octavo de sangre india:

“al final podes hacer lo que se te dé la gana, pero que nunca se te olvide que cuando te canses de experimentar la vida, cuando te canses de hombres que nunca te van a entender, justito ese día vas a empezar a vivir la vida conmigo, y va a ser hasta que se acabe el mundo”

Una semana después, volví a saber de él, había arreglado sus cosas y el estaba de vuelta en su país desde donde me llamo como si nada hubiera pasado.

De este episodio han pasado poco más de 6 años, y desde entonces no hemos vuelto a vivir en la misma ciudad aunque a veces nos encontramos.

Si alguien le pregunta, el dice que dejo mi país para dejarle al destino la elección de cuando la única mujer con la que el se casaría, llamaría para decirle: “ya es hora de empezar a vivir la vida”




2 Responses

  1. #1
    Terox 

    Sia tonto, macuá Cherokee… Mejor decídase Tita, si le pedís cacao al chief o te hacés una limpia de santería, con sangre de pollo y demás… porque esa vara de vivir amarrada no funca…

  2. #2
    Francotiradora 

    Todavía te faltan uno que otro "nuevo muerto" para que se cumpla la profesia, así que ni te preocupés.

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